FATHER – Una maestra afónica

Del disco Sin Regomello,  Sonia Moreno

I give my voice to the Father

Oh Lord, You know I have something to say

Take my song, take all of me

Take my whispers, take my fears

Living on, everyday

In the night I was so lonely father

At the cross I have nothing to say

In my life I feel singing and crying alone, sometimes

I need your hug to feel at home

FAHTER, IN YOUR ARMS

IN YOUR ARMS I FEEL

LIKE A MOTHERLES CHILD

FATHER, IN YOUR ARMS

IN YOUR ARMS I FEEL

LIKE A

MOTHERLESS CHILD

FATHER I

FEEL THAT I AM HOME AT LAST

Es esta voz que no calla

Rota y sin luz no se deja vencer

Es la canción que pongo ante ti

Las preguntas

Y las dudas

Lo que soy, lo que doy

Es poco, ya sé

Sola aquí con la noche y sus silencios

Qué decir ante tanta cruz, Señor

Si la vida…

Qué es la vida sino un grito que se ahoga, padre

Abrázame, dime quién soy

Barcelona, invierno del 2013

Cuando nació el tema Father, allá por el 2001, estaba agotada de buscar una solución a mis problemas de voz. Durante muchos años, como maestra en activo, los lunes entraba a las nueve de la mañana en clase con una voz más o menos sana y los viernes, literalmente, no podía hablar. La sensación de angustia de los jueves por la tarde, cuando aún quedaba un día de clase y notaba que no había más sonido en mí, era desoladora. La voz rota, sin luz, sonaba como podía en los ensayos de IRAY (cuarteto a cappella en el que cantaba por las noches). A pesar de estar velada no se dejaba vencer. Quería más.

Y eso, semana tras semana, abonaba la idea de que no había solución, de que cada vez iba a ir a peor, de que nunca mejoraría. Ese era el grito que parecía que se ahogaba.

En la escuela donde trabajaba (mi cole de toda la vida) me dijeron que si pedía la baja por una disfonía no me volverían a contratar (más majas que toas las cosas). Así que me ayudaron a ir gestando el nódulo que más tarde me operarían. Desde aquí les agradezco la intransigencia (yo tenía veinticuatro años). Gracias a ese edema pseudo-seroso y la dura rehabilitación comenzó un proceso de aprendizaje sobre la voz, el cuerpo, la anatomía, la persona, la emoción, las relaciones… ¡Madre mía, lo que me habría perdido si me hubieran dejado descansar! No es para nada irónico, aunque hasta a mí me suene con rintintín. En el fondo fui yo la que no me dejó descansar. El resto eran papeles secundarios de la trama.

No sé cuántas puertas he tocado buscando la pócima mágica ¿Profes de canto? Todos. De todos los colores, edades y estilos. Se me hacía muy pesada sensación de llegar a una nueva puerta de una nueva escuela con un nuevo profe, “ a ver si este…”.

Cuando alguien viene a casa para hacer un sesión individual de voz y entra en contacto con sus limitaciones a la hora de cantar no puedo evitar pensar ¿qué es lo que estará buscando, más allá de las notas que desea entonar? Quizás es gracias a ellas que surgen sus demandas. Muchas veces, no es cantar, no va de hacerlo mejor o peor. Quizás es tener una hora para escucharse, entrar en contacto, descubrir el silencio, darse permiso… Quién sabe ¡el abanico de deseos es tan grande! No hay reglas. Sólo sirve ponerse en marcha para ir viendo. Aquí las estadísticas no funcionan.

En todo caso, su demanda a menudo tiene muchas capas. Otras no. También hay voces que buscan cosas sencillas, ligeras, pasar un buen rato sin más. Hay de todo.

En ocasiones lo que aquella voz busca en apariencia tiene una raíz más profunda, y a menudo acaba sorprendiendo a la persona ¡Es un fantástico scape room en toda regla! Porque unos nódulos (o simplemente una dificultad para afinar, o recordar la letra, o ir a ritmo con las notas, o sentir lo que cantas…) es la primera página del “Crea tu propia aventura”. Puede ser el principio de un libro único que está por escribir, la pista clave para encontrar la siguiente sala.  Si nos apresuramos demasiado a deshacernos del síntoma (el nódulo, la afinación, el ritmo…) puede que perdamos también cierta información esencial que esa persona quiere darse a ella misma para encontrar la solución al enigma. Aunque en realidad, ahora que lo pienso, no es del todo cierto. No hay problema. Nunca hay problema en ese sentido. Las pistas están ahí, escondiditas y bien preparaditas, impecablemente enlazadas unas con otras. Y esperarán el tiempo que sea necesario. Si no salen hoy, saldrán mañana. Al final siempre acabamos ganando la partida.

Pero, siguiendo con la idea del scape room, a veces una enfermedad, una dificultad, un bloqueo, es como la voz del vigilante del juego, aquel ser en off que no vemos hasta el final y nos va dando pistas cuando ya no sabemos hacia dónde tirar. Es el encargado de desatascarnos y lanzarnos pequeñas ayudas para que nosotros podamos  seguir avanzando.

De repente, en vez de entender un nódulo como una ayuda del cielo para resituarnos, nos surge el espíritu de superación en su pantone más belicoso ¡A por é! Hay que deshacerse de esta carga como sea. Y cuanto antes, mejor.  “Contra el resfriado”, como gritan algunos carteles de antigripales. Si entendemos el síntoma como una conversación con nosotros mismos y nuestro cuerpo, la cosa cambia bastante. Un nódulo en ocasiones puede ser el aviso de hacia dónde toca tirar, más que el objetivo a abatir. Y quien dice nódulo dice lumbago, migraña, acidez de estómago y tantos y tantos otros preciosos síntomas que pueblan este cuerpo nuestro.

Sea como sea, menudo lujo estar trabajando para alguien que busca de entre sus salas, en su aventura particular, y te brinda el honor de acompañarle en su viaje mientras tú sigues p’alante con el tuyo.

 

 

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